“Hacia unos Estados Unidos de Europa”, del Profesor D. Félix de la Fuente.

“Un día, sobre el modelo de los Estados Unidos de América, llegarán a existir los Estados Unidos de Europa”  (Marqués de La Fayette).

Urgencia de unos Estados Unidos de Europa

“No habrá paz en Europa si los Estados se reconstruyen sobre una base de soberanía nacional (…) Los países de Europa son demasiado pequeños para asegurar a sus pueblos la prosperidad y los avances sociales indispensables. Esto supone que los Estados de Europa se agrupen en una Federación o “entidad europea” que los convierta en una unidad económica común.” (Jean Monnet en Argel, 1943).

Estamos ante un callejón sin salida. los Estados nacionales de los países miembros de la Unión Europea son incapaces de enfrentarse a los grandes retos de la globalización, es decir son incompetentes para revolver los grandes problemas a que estamos enfrentados y, si son incapaces de realizar el cometido que les han encargado los ciudadanos, son jurídicamente incompetentes. Pero, por otro lado, siguen aferrados a sus incompetencias, poniendo trabas a la cesión de sus tareas a instancias superiores, en este caso la UE, y están impidiendo que los ciudadanos elijan a otros apoderados. Todas las crisis que está viviendo la UE en estos últimos años nos están demostrando que algo muy grave está fallando en el modelo de construcción europea. No sólo se trata de una crisis financiera o de una crisis de deuda pública. La pobreza ha aumentado en varios puntos dentro de la Unión Europea y el estado social europeo se está viviendo abajo.

Y cuanto más se eleve el edificio de la UE, tanto mayor será el peligro de que se nos derrumbe, si no se refuerzan los cimientos democráticos. Y ese es el gran fallo.

La UE ha dado un paso de gigante en el intercambio de mercancías, pero sólo unos pasitos en el intercambio de ciudadanos.  Incluso el mismo intercambio de ciudadanos, tal y como se está produciendo, está dando lugar en muchos casos a un enfrentamiento entre los nacionales del propio país y los ciudadanos de los otros Estados miembros, pues los primeros ven en los segundos una competencia que hace descender el nivel de sus sueldos debido a unas leyes -las de la oferta y la demanda-   que no deberían sobrepasar ciertos límites, cuando se aplican a las personas. La libre circulación de trabajadores, otra de libertades fundamentales de la UE (art. 21 del TFUE), se ve actualmente amenazada en el Reino Unido y en otros países.

Aunque son enormes los logros alcanzados por la Unión Europea en las seis décadas de su existencia, las nuevas generaciones no tienen conciencia de estos logros. Ellas no han vivido la etapa de la segunda guerra mundial ni de la posguerra y ven como la cosa más natural del mundo la paz y el bienestar social, y se rebelan contra la situación actual.  Puede ser que la paz no esté en peligro, pero sí lo está el bienestar social.

Los Estados Unidos de Europa dentro de un contexto mundial

La dimensión europea está desfasada por la dimensión mundial. Estamos llegando ya tarde a la Europa Federal o a los Estados Unidos de Europa. Los problemas y las soluciones se mueven ya a una escala mundial. Habermas está hablando ya de una democracia transnacional, cosmopolita, y de una república mundial.

El motivo fundamental para la integración supranacional y la urgencia de unos Estados Unidos de Europa es otro muy diferente al que normalmente se aduce: no es sólo el bienestar social económico o social, ni siquiera la paz, pues la juventud y los que no han conocido la guerra consideran que esto ya está logrado. Se trata del enorme déficit democrático de cualquier sistema de Estados independientes. Pues todos los Estados nacionales son democráticos sólo internamente, de puertas adentro: reconocen a sus ciudadanos los mismos derechos de participación tienen, por tanto, legitimación para resolver los problemas sociales que afectan al conjunto de sus ciudadanos.

Pero las interdependencias sociales no se paran en las fronteras de los Estados: Los ciudadanos de los diferentes países hacen negocios entre sí, se hace la competencia, ensucian el aire y las aguas de los otros, se casan entre sí y quieren aprender de los otros en las escuelas y en las universidades. Por esto se necesarias unas disposiciones políticas transnacionales que los Estados soberanos del pasado desarrollaron a través del Derecho de gentes y de la diplomacia. Esta solución fue suficiente mientras las sociedades de los diferentes Estados se mantuvieron cerradas unas a otras: Las cuestiones políticas importantes se solucionaron de forma democrática dentro del marco nacional.  Los pocos problemas que sobrepasaban este marco y exigían una solución internacional se sometían a una elite funcionarial de los ministerios de asuntos exteriores.  Pero actualmente esto no es suficiente.  Basta con mirar a los miles de personas que diariamente tratan de llegar a Europa, para convencerse de que es necesaria una integración supranacional de los Estados y de los ciudadanos europeos, si queremos hacer frente a todos los problemas que lleva consigo la globalización.

Los Estados Unidos de Europa, una cuestión de supervivencia

A lo largo de este estudio estoy tratando de demostrar la necesidad de constituir unos auténticos Estados Unidos de Europa, que adoptarían la forma de una unión federal. Son muchas y muy variadas la razones que avalan esta necesidad: económicas, laborales, psicológicas, motivos de paz y de convivencia. En este capítulo voy a tratar de demostrar la urgencia de avanzar hacia unos Estados Unidos Europeos, porque se trata de una cuestión de supervivencia.

La crisis casi permanente que está viviendo la UE durante los últimos años nos están mostrando la incapacidad de la UE para salir a flote y afrontar todos los retos que tiene delante: procurar trabajo digno a los millones de jóvenes parados, mantener su estado social y, al mismo tiempo, estar en condiciones de competir con los bajos costes laborales de los países emergentes, hacer frente al problema de la emigración e integrar a los emigrantes en una convivencia pacífica. Ni la paz está garantizada, ni un puesto de trabajo digno está asegurado.

Los Estados Unidos de Europa no es una meta en sí misma, sino un medio, para lograr unos objetivos democráticos que los Estados miembros no son capaces de alcanzar por sí mismos.

No se trata de una utopía

No se trata de una utopía, porque un gran número de ciudadanos lo está pidiendo, pero lamentablemente está lejos aún de ser realidad. En todo el proceso hacia la Unión Europea no se ha seguido nunca el camino que democráticamente se hubiera debido seguir. La Unión Europea, lo mismo que la introducción del Euro, ha sido una obra de políticos e intelectuales, pero de la que ha estado excluido el ciudadano. Éste solamente se ha podido expresar en forma de “todo o nada”, es decir a través del referéndum. El ciudadano ha estado expresamente excluido en su educación de todas las grandes ideas y valores que nos unen con los ciudadanos de otros países europeos y también con todos los ciudadanos del mundo. Al niño se le da una formación cerrada y exclusivista, se le forma para separarlo incluso de sus vecinos más próximos. La historia y la geografía se le enseñan al niño desde una visión nacional, cuando no nacionalista, creando en él unas barreras culturales y psicológicas en muchos casos difíciles de traspasar. Aceptar una Unión Europea, considerar amigos a unas personas con las que no se puede entender porque no hay un idioma común que nos una, es enfrentarse a unos esquemas mentales grabados en su mente durante muchos años por una educación anacrónica.

En septiembre 2012 el diario francés Le Figaro publicó un sondeo de opinión sobre los Estados Unidos de Europa. De 23.715 votantes el 64,02 % se manifestó a favor de los Estados Unidos de Europa. Pier Luigi Bersani, líder de la formación del Parti démocrate (PD, centro izquierda). Entre los países preguntados, diez se pronuncian por una evolución en este sentido: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Italia, Luxemburgo, los Países Bajos, Polonia, Portugal y España se muestran partidarios de los Estados Unidos de Europa. En este sentido, Guy Verhofstadt, quien en 2006 publicó su libro  De Vereinigde Staaten van Europa, Manifest voor een niew Europa y en  mayo de 2012 afirmaba que los jefes de gobierno de los Estados europeos  ser verían obligados  a crear un estado federal europeo, o el euro desaparecerá”.

No son sólo razones económicas

Por otro lado, basar la necesidad de los Estados Unidos de Europa exclusivamente o fundamentalmente en unas razones de tipo económico o de conveniencia significa estar expuestos a cualquier ataque que pueda surgir en época de crisis, como ha sucedido con el euro, y como está sucediendo actualmente en los países afectados por el paro.  Tampoco sería suficiente en algunas ocasiones para enfrentarse a los defensores de la “identidad nacional y de la “soberanía nacional”. Conviene recordar al respecto que soberanos son los ciudadanos, no los Estados, como dicen entre otras las constituciones española y alemana pues incluso en las más altas instancias se llegan a veces a confundir estos conceptos.

“Los miopes que no ven más allá de sus narices son los únicos que no pueden ver la homogeneidad europea. Así como hablamos de una nación hindú o china, a pesar de que estos pueblos hablan muchas lenguas diferentes, así los chinos y los hindúes podrían hablar de nosotros como de la nación europea. La Europa de la cultura, que forma un todo gracias a su filiación grecolatina, a la religión cristiana, al arte y a la ciencia europea, es mucho más homogénea que la índica. La historia común de Europa hace que las constituciones y las leyes de los diferentes Estados europeos estén actualmente mucho más cerca de los que estaban antaño las ciudades-estado griegas” (Alain Peyrifitte)

Poner de relieve este sustrato común de todos los países europeos es una de las principales tareas educativas actuales. En el momento actual de la globalización, en la que los medios de comunicación pueden jugar un papel tan decisivo a nivel, tanto positiva, como negativamente, conviene que el ciudadano europeo tome conciencia de los muchos valores que tiene en común con el ciudadano del mundo, pero también las muchísimas más ideas que comparte con el ciudadano europeo.

Unos Estados Unidos de Europa fundados en una educación en valores

La creación de unos Estados Unidos de Europa, si no va precedida y acompañada de una formación previa del ciudadano, puede ser origen de serios problemas. Esta formación previa no consiste tanto en una preparación expresa para inclinarse por una Unión Europea, que algunos podrían considerar una manipulación de la mente del niño, sino en liberarlo de todos los tópicos nacionales y patrióticos y ofrecerle unos valores humanistas universales que le ayuden a superar las barreras que supone el término de “extranjero”, educándolo en unos valores comunes y universales.  Educación en valores, aquí está quizás parte de la solución.

Unos Estados Unidos fundados en una auténtica democracia

Antes de llegar a unos Estados Unidos de Europa, es necesario crear una auténtica democracia. El ciudadano difícilmente aceptará jugar un papel secundario en una decisión tan importante. En primer lugar, el Parlamento europeo debe ser un auténtico parlamento europeo, no una sucursal de los parlamentos nacionales, que actualmente parece defender no tanto los intereses de los europeos sino los intereses nacionales y, dentro de estos, los intereses de sus votantes nacionales. Dentro de la Unión Europea, el Consejo de Ministros, no puede asumir la representación de los ciudadanos, pues los ministros no han sido elegidos, ni siquiera indirectamente, para legislar en nombre del ciudadano europeo soberano.

Unos Estados Unidos de Europa sin este soporte democrático puede ser más bien un problema que una solución.

Angela Merkel : “l’Europe ne peut plus compter sur les États-Unis pour la “protéger

junio 20th, 2019 0 comments 6- Investigaciones, Publicaciones y Conferencias / Últimas Noticias

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