La solución a la crisis democrática y de identidad como única vía para resolver la crisis Económica y Financiera. Por Laura Estévez Editora de Informativos de la Televisión del Principado de Asturias (TPA)

“Es realmente incomprensible que el paro no sea la primera preocupación de nuestros gobernantes y que haya miles de millones para mantener instituciones u organismos anquilosados y no haya medios para fomentar el empleo”. Así finalizaba su discurso de ingreso en la Real Academia de las Ciencias Económicas y Financieras de España (RACEF) el doctor José Daniel Barquero el pasado 21 de febrero en la sede de Fomento del Trabajo Nacional. Para llegar a este colofón, Barquero había diseccionado durante veinte minutos la situación económica, financiera y social por la que atraviesa España, tanto en su singularidad como dentro de esa compleja criatura que es la Unión Europea.

Es precisamente en las contradicciones que suscitan los avances hacia la integración continental y sus frenos donde ahonda el discurso del nuevo académico. España y la Unión Europea están ya demasiado imbricadas como para que ambas puedan resolver sus respectivas crisis de forma autárquica. Y va más allá: no pueden entenderse las crisis de una sin la otra, pues la relación entre ambas es hogaño indisoluble. Varias crisis. Porque Barquero se niega a considerar que la crisis económica exista sin que coadyuve la creciente desconfianza en las instituciones políticas y, en última instancia, en el propio sistema democrático.

En su alegato, el doctor Barquero subraya la cobardía de los políticos frente a la posibilidad de “perder prerrogativas personales, de perder poder”, inmediatamente después de haber dado un paso sin retorno en la cohesión europea con la introducción de la moneda común, la libertad de circulación y el mercado único. Porque, señala, resulta incoherente adoptar una moneda única sin “haber estado acompañada de muchas políticas únicas”. Europa sigue, once años después de la puesta en circulación del euro, sin contar con una unificación fiscal. Y, lo que resulta más sangrante, esa armonización no se da tan siquiera en España. Destaca en sus argumentos José Daniel Barquero que han tenido que pasar 21 años para que nuestro país aplique la libre circulación de bienes y servicios por todo el territorio nacional, cuando la culminación de la unificación de los mercados venía marcada en 1992 por el Tratado de Maastricht. Un retraso legislativo que nos ha llevado a “perder 35.000 millones”.

Pérdidas se dan asimismo por la carencia de una fiscalidad armonizada, que permite a ciertas regiones aplicar beneficios impositivos que atentan contra la libre competencia, favoreciendo un proteccionismo encubierto en ciertas regiones en detrimento de otras. Es en esta muestra de deslealtad hacia los supuestos hermanos donde se pone de manifiesto otra de las claves que señala Barquero como origen de la crisis de identidad europea: la falta de conciencia del ciudadano de pertenencia a una comunidad o la duda incluso de su existencia. Y, para el autor del estudio, existen, por desgracia, argumentos fundados para este descreimiento.

La Comunidad Europea ha ido mutando, según Barquero, hacia una suerte de unión de políticos y de jefes de Estado, pareciéndose cada vez más “a una sociedad mercantil”. A ello se ha ido llegando por una pérdida paulatina del valor de la solidaridad, que se acentúa en tiempos de crisis; pero también por una representación ciudadana insuficiente. Incredulidad europeísta, pero también nacional. Porque Bruselas ha obligado a sanear la banca antes que las empresas, mas España decide, por propia iniciativa, destinar subvenciones a patronal, partidos políticos y sindicatos en lugar de a las empresas, creadoras directas de empleo.

A pesar de estas exposiciones que pudieran inclinarnos a ver la salida de la crisis con un mayor pesimismo, el doctor Barquero pasó a analizar seguidamente las medidas que, a su criterio, están tomándose en la senda del crecimiento económico. Destaca el académico la introducción del “Semestre europeo”, ciclo anual para coordinar las políticas económicas de los países miembros; el beneplácito a la “tasa Tobin”, que pena la especulación con un gravamen a las transacciones financieras en once de los Estados y que llevará aparejada la instauración de las cooperaciones reforzadas para evitar el veto de naciones contrarias a la implantación de ciertos acuerdos entre otras; la mayor integración para los socios de la eurozona que suponen avances de este tipo y que nos encaminan hacia una Europa federal; la toma de conciencia, cada vez más cercana, de que no importa desde dónde nos gobiernen, sino cómo lo hagan, sin regalar la confianza y soberanía que los ciudadanos hemos depositado en nuestros representantes, tengan el ámbito territorial que tengan; y, por último, tímidos acercamientos a la unificación fiscal.

Teniendo en cuenta todas estas exposiciones sobre las crisis entrelazadas que se vierten sobre España y sobre Europa, sobre sus ciudadanos, Barquero no ve otra posibilidad para resolver una de sus consecuencias más palpables, el drama del paro, que una reestructuración profunda de ambas. Y en ella el ciudadano debe “sentirse actor y centro de la Unión Europea”.

En el último tramo de su discurso, Barquero abordó las medidas concretas que desde la Comisión Europea y desde las políticas nacionales deberían aplicarse para atajar la sangría de empleos. A saber, desde Bruselas, una supervisión de la competencia desleal y del correcto aprovechamiento de las subvenciones; la incorporación institucional de los mecanismos de gestión de la crisis cediendo competencias presupuestarias nacionales; la regulación supranacional de la globalización; la creación de un fondo de compensación; y la apuesta decidida por una Europa solidaria, integrada y armonizada.

En el plano doméstico, el recién recibido por la RACEF abogó por una perentoria defensa de los puestos de trabajo existentes, con los EREs como último subterfugio; por la organización y el control de los cursos para desempleados, jóvenes y emprendedores; por la reducción de gastos y organismos superfluos que reviertan en fondos para la creación de empleo; por la recuperación de la confianza de los mercados y las empresas en España; por la concesión de microcréditos y ayudas fiscales a pequeñas empresas y autónomos; e, incluso, por la rúbrica de un gran pacto nacional que deje de lado los colores políticos y ponga, por fin, a los ciudadanos por encima de los aparatos de los partidos.

febrero 25th, 2013 2 Comments RACEF

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Entrevista a José Daniel Barquero:

(Barcelona, 1966)

Jose Daniel Barquero

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